SANTO ES EL SEÑOR. ¡HOSSANA!

¡Ya empieza la Semana Santa después de 40 días preparando nuestro corazón para que sea más humilde! Solo un corazón así podrá hacernos entender quién es Jesús y para qué vino al mundo. Solo un corazón humilde podrá ser transformado por lo que vamos a celebrar en los próximos días. 

La celebración y la liturgia del Domingo de Ramos B tiene el sabor de la alegría de los que están sedientos de Dios y el sabor de la traición de los que no podían imaginar que el amor de Dios podía llegar hasta la cruz.

Jesús entra en Jerusalén en un borrico, el animal con el que se cumplen profecías bíblicas y el signo de humildad elegido por Jesús. La alegría de los humildes que reconocen en Cristo al Dios del amor, la ternura, la compasión, la libertad, el consuelo y la salvación. Los niños, las mujeres, los sencillos, los apartados del mundo por los poderosos… ellos son los que lo reconocen porque están sedientos de buenas noticias. ¿Es éste el Dios en el que creemos y el que llevamos a los otros con nuestra vida? 

Nosotros también gritamos hoy ¡Hossana!. Y como en Jerusalén, después de la euforia de la aclamación, no siempre viene el seguimiento. Allí, como hoy, algunos gritaron “¡Hosanna!” y pocos días después “¡Crucifícalo!”. Reconocer a este Dios del amor solo nos puede llevar a amar y así con nuestra vida podremos cantar ¡Hossana!. Si no nos impulsa a amar hasta el extremo y si no transforma nuestro corazón para ponernos al lado de los crucificados del mundo, nuestra vida también podrá gritar ¡Crucifícalo!

Empezamos hoy escuchando el primer relato de la Pasión del tiempo de Semana Santa. y se nos pregunta: ¿quieres acompañar a Jesús en su pasión, en su cruz y en la de los hermanos que están con él en la cruz? Acompañarlo en ese momento que exclama “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Ese es el grito de Jesús, que no traduce la falta de confianza en el Padre con el que vive en intimidad profunda, sino la experiencia del miedo y la soledad que experimentó. Es el grito del mundo sufriendo. Es el grito de cada uno de nosotros en determinados momentos de la vida. Hay miedo y confianza en el corazón de Jesús. ¿Y en el nuestro?

Hoy ponemos delante de la cruz nuestro dolor y miedo, especialmente el de todos los que han perdido a personas queridas durante este tiempo de pandemia, para que lo llene de esperanza, consuelo y alegría.

Empezamos la Semana Santa de 2021 con la invitación a SER sencillos como los niños y a CREER en un Dios que por amor ha llegado a la cruz. Dejemos que estos días santos nuestra alma se llene de Él, como hemos cantado hoy con el canto Déjame oír tu voz.

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