Un año desde mi Confirmación

La Confirmación creo que es un momento especial, ya que supone ratificar tu fe de una forma consciente, ya no es un acto fruto, en la mayoría de los casos, de la decisión de los padres, como suele ocurrir en el caso del Bautismo o de la Primera Comunión.

En mi caso, puede que tenga además un carácter un poco más llamativo y es que siendo Ingeniero Industrial y Consultor durante 12 años, primero tecnológico y luego de recursos humanos (y por aquello que las mentes científicas se dice que tienen más dificultad para los temas de la fe) y teniendo más de 40 años, el hecho de confirmarme fue tachado por algunos de “locura”, y “Bendita locura” me surge a mí.

Todo empezó en Julio de 2015 tras haber tenido la oportunidad de participar en el Campamento de la Nati, en Pola de Gordón. Al finalizar ese campa me quedó claro una idea: a mí me faltaba algo… y ese algo era la Confirmación, ya que tras haber hecho la primera comunión me alejé de la religión y, aunque nos casamos por la iglesia, la verdad es que fue más un “es lo normal” que por un convencimiento del significado de ese Sacramento. Ni ese año ni el siguiente fue posible encontrar un grupo de adultos para prepararme para recibir la Confirmación, así que tocó esperar 2 años en los que se alimentó el deseo de seguir profundizando en esto de la fe.

La preparación comenzó en 2017. No fue posible hacerlo en el seno de la Nati, si bien tuve la suerte de poder hacerlo también en comunidad de la mano de mi gran amigo Fray Juan (un ingeniero como yo y ahora Franciscano Conventual Menor). Fue un recorrido precioso que culminó con la Celebración del 9 de junio del 2017, rodeado de la maravillosa comunidad de la Nati y con el resto de jóvenes y no tan jóvenes que íbamos a recibir el sacramento de la Confirmación. En la celebración se nos recordaba que era necesario salir al mundo para anunciar la buena noticia y que no podía ser un punto y final en nuestro recorrido.

Yo tengo muy presente la frase “para dar tienes que tener” así que para poder compartir la fe es necesaria alimentarla, y la verdad es que en el seno de la Comunidad de la Nati hay muchas oportunidades:

  • Oración diaria, gracias al Rezando voy y compartiendo reflexiones con mi madrina de Confirmación, todo un lujo
  • Celebraciones de la Eucaristía semanales, con la suerte de estar rodeado de mis catecúmenos (y es que he sido catequista de los niños y niñas que este año han recibido su primera comunión) y disfrutando de un coro que favorece mucho la conexión con el Señor
  • Reuniones con el grupo de reflexión en torno al libro “Las preguntas Escuetas del Evangelio”, un espacio privilegiado para profundizar y poner de manifiesto lo afortunados que somos los cristianos por tener a Dios siempre cerca
  • Reuniones de preparación de catequesis: un grupo de 6 (ya que las preparábamos juntos catequistas de niños, niñas y familias) de lo más variado que ha sido un espacio privilegiado para crecer
  • Los encuentros de matrimonios, en los que a partir de una temática compartíamos el valor de compartir esta fe con los que nos rodean
  • La oración en familia, que aunque en este año ha sido escasa, ha estado presente
  • Los encuentros de catequistas, un espacio también enriquecedor en el que compartir y preparar los diferentes encuentros

Un año cargado de crecimiento, de ilusiones y de agradecimiento por todo lo recibido de la mano de esta gran Comunidad que es la Nati y que me gusta decir que es una Comunidad Despertadora de Sueños en la Fe. En mí lo fue y espero (con mi pequeña contribución) favorecer que otros puedan disfrutar del inmenso regalo que supone ser consciente de la presencia cercana de Dios en nuestras vidas.

Un año desde su confirmación 

Después de 26 años de mi confirmación y tras haber acompañado previamente a otros miembros de la comunidad en el recorrido hacia la confirmación, tuve el regalo de recibir una nueva invitación a ser madrina. En esta ocasión, todo era nuevo: un momento vital diferente,  una experiencia de Dios más centrada en su ternura que en mis méritos y esfuerzos, y un ahijado que se reencuentra con la experiencia de la fe y en búsqueda tras identificar su necesidad “de más”.

Acompañarlo este año después de la celebración de la Confirmación (en la que los padrinos le entregamos la luz de Cristo del cirio Pascual y lo presentamos diciendo su nombre) ha sido actualizar esa cercanía en el recorrido de fe (personal y comunitaria) que va haciendo desde entonces. Acompañar desde mi experiencia de relación y encuentro con Dios que me quiere con amor eterno, me infunde un Espíritu nuevo (como aquél 21 de diciembre de 1991, en que nos confirmamos unos cuantos de la comunidad) y se queda conmigo todos los días caminando a mi lado como un amigo (aunque no siempre lo sienta).

Acompañar formando parte de una comunidad que ora, canta, celebra y sale al mundo, que acoge entregando la historia vivida previamente, al tiempo que se renueva y enriquece con cada uno que dice SÍ y que se deja tocar por el Espíritu.

Un año en que he sido testigo de cómo el Espíritu transforma la vida de quien sigue pidiendo “Ven Espíritu”.

 

Como padrino he visto cómo la confirmación poco a poco te ha cambiado,  ha hecho que te implicaras en tu Comunidad, construyeras Reino de Dios , empezaras  a “despertar” la fe en muchos chavales y ser un poco luz para ellos, te hayas fortalecido, hayas aprendido a escuchar y a ser escuchado,…

Ser padrino es estar ahí, cerca de ese camino se hace andando, y en el que hay piedras, cuestas,  subidas y bajadas, que cada uno tiene que afrontar y son estas experiencias las que a uno le van conformando, moldeando. Es seguir viendo como creces. En cada uno de nosotros Dios ha depositado una semilla, cuyo crecimiento depende más de Él, que de nosotros, pero es cierto que tenemos que ser conscientes de que la tenemos, por lo menos para regarla y que no se deteriore.

El campamento será una nueva oportunidad de construir Reino, y como padrino,  lo asumo como una llamada, una invitación personal (y a la vez familiar) que me construye a mi primero, para después poder ser “mejor obrero”, o por lo menos edificar lo que Jesus quiere y no yo. Es un tiempo para escuchar y estar atento, para disfrutar y vivir, para “desinhibir al Espíritu” y que actué en mí, en ti, en todos.

 

 

2 Respuestas a Un año desde mi Confirmación

  1. Gracias por compartir la experiencia.

    Sí quiero comentar que no creo que sea cierto que las personas con formación tecnológica y científica sean menos proclives a ser creyentes, eso puede ser verdad en quienes sin realizar un proceso de reflexión se han alejado de la Iglesia por comodidad, falta de motivación, prejuicios o simplemente por temor a que les señalen.

    La sociología de la religión demuestra que aquellos con formación e interés en el ámbito de las ciencias y tecnología son más proclives a percibir patrones y estructuras en la naturaleza; que hay una relación causa-efecto en el universo; que tras el aparente caos, hay un orden; etc… Tengo muchos amigos creyentes que han hecho un proceso de maduración en la fe, similar al tuyo, y la mayoría son ingenieros, matemáticos, físicos y de otras especialidades científicas.

    Saludos

    • Muy buenas Anastasio,
      gracias por compartir tu testimonio y tu experiencia
      Un saludo y que tengas un gran día … y mañana también
      Miguel

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