UNA BUENA NOTICIA PARA TODOS

Vamos llegando al final de la Navidad con la celebración ayer de la Epifanía del Señor.  “¿Qué añade esta celebración a las que llevamos viviendo estas últimas semanas? Si la salvación empezó en un pequeño pueblo de Judá, si empezó a manifestarse a los pastores, si Dios se encarna en un niño pequeño recién nacido… hoy lo que celebramos es la Epifanía que significa “manifestación”. Ya hemos celebrado los días previos que Dios se ha manifestado en lo concreto, en lo pequeño y en lo sencillo, y hoy celebramos que se manifiesta para todos los hombres y pueblos de la Tierra. También lo refleja Pablo en su carta manifestando que los gentiles son coherederos de la gracia, del Amor y de la Salvación de Dios.” Así empezaba ayer la homilía de Felipe, remarcando que el nacimiento de Dios es una buena noticia para todo el mundo, no solo para el pueblo de Israel como pensaban ellos al principio. La presencia de los Reyes Magos, personas sabias de otros lugares del mundo que se ponen en camino para ir a buscar a ese niño, nos muestra que ayer celebramos la Fiesta de la Universalidad del cristianismo. Ya desde el inicio, Dios deja claro que su Hijo ha nacido para todos: para las personas humildes de las periferias como los pastores y para los considerados extranjeros por pertenecer a tierras y pueblos diferentes del judío. Es una buena noticia para todos, sin excepciones ni exclusiones de nadie: PARA TODOS.

Y si los Reyes Magos llegaron por el signo de la estrella, nosotros también estamos invitados estar atentos a los signos que nos envía Dios, porque constantemente nos los envía de acuerdo con nuestras necesidades. Sólo necesitamos silencio y humildad para poder escucharlos y entenderlos.

Del mismo modo que las lecturas del lunes, nos enfrentamos todos los días a la dualidad de la luz y la oscuridad. Sabemos lo que hay que hacer y sin embargo caemos en la tentación. Y por eso no solo hay que reconocer los signos, sino ponernos en camino, como hicieron los Reyes Magos, conectando con ese deseo de querer buscar, no pararse ante las dificultades y preguntar cuando sea necesario para continuar el camino. Sólo estando en camino los signos podrán seguir guiándonos.

Ayer también celebramos la Fiesta del Regalo, aquél que expresa el amor de las personas que están cerca en nuestras vidas. Los regalos pueden nacer del deseo de consumir y tener cada vez más cosas, aunque no las necesitemos, y además podemos hacerlos sin tener en cuenta las necesidades de las personas que pasan necesidad en nuestro mundo. Y también pueden nacer del corazón y del agradecimiento, permitiéndonos expresar “te quiero” y mirar si nuestro regalo responde a lo que necesita la persona a la que estamos regalando, y así se convierten también en una forma preciosa de amar. Los pastores y los Reyes hicieron también regalos al niño Jesús. El mejor regalo es precisamente la fe, esa gracia que es gratis y que no podemos pagarla ni con nuestras obras ni sacrificios ni nuestros servicios. Ese regalo gratuito da sentido a lo que hacemos, en definitiva, a nuestra vida. Una fe que nos lleva a amar y nos llena de alegría, y ésa es una señal fundamental para saber si estamos en ese camino, como la que sintieron los pastores.

Y los Magos, después de encontrar al niño, de reconocer en él a Dios y de adorarlo, vuelven a su casa para anunciar y llevar aquello que habían descubierto. Nosotros también estamos invitados a hacer lo mismo, sabiendo que los signos de habernos encontrado con el niño Dios en nuestra vida son la Alegría y el Amor que nos lleva a la entrega y a la acogida, a un amor sin juicios, exigencias ni reproches.

Después del encuentro con el Niño, ¡volvamos a nuestra vida para vivir con Amor y Alegría! Volvamos con el deseo de seguir dejándonos atraer y mover por nuestro Dios que se ha hecho niño por nosotros, como lo cantamos con el coro con la canción “Muéveme” de Ixcis.

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