Via Crucis en la Natividad

Mañana nublada de Viernes Santo. La lluvia ha esperado unas horas y nos ha permitido celebrar el Viacrucis por la calle, alrededor de la iglesia.
Sólo al final unas gotas nos han hecho recogernos un poquito más deprisa, pero sin alterar el recorrido.
Salimos con la Cruz de Cristo y con dos cruces que simbolizan a los crucificados a su lado. Salimos también con las luces encendidas ayer en el Lavatorio de los pies, en la Cena del Señor, que permanecen junto al Santísimo hasta esta tarde; son las velas de los discípulos que toman su luz de Jesús.
Nos hemos sentido Pueblo de Dios que acompaña a su Señor, haciendo la experiencia de caminar tras su Cruz,
mirarlo y compartir la carga de las cruces y la luz de las velas. Hemos escuchado en las quince estaciones el relato de la Pasión de Cristo. Las meditaciones nos han ayudado a contemplar y a actualizar ese recorrido. En el peso de la Cruz, en el dolor de Jesús y en su muerte, estamos todos: nosotros, nuestros hermanos en la fe, las gentes que caminan a nuestro lado, las que viven en nuestras calles, los desconocidos, los cercanos y lejanos, todos los hombres y mujeres del mundo…, porque por todos y para estar con todos cargó Jesús con la Cruz y subió a ella y murió en ella. Si nos parece que tanta gente sufre y muere sola, que sepamos que somos nosotros quienes los abandonamos, pero no Jesús porque él abraza su dolor y su muerte desde dentro.
La gente sencilla, mucha gente sencilla, siguió a Jesús esta mañana por nuestra calle. Hemos contemplado, orado y cantado en un camino, el “via crucis”, que ojalá nos ayude a vivir nuestro propio camino de cruz así, tras las huellas de Jesús y en cercanía a los que hoy sufren.

 

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